Ciencias Sociales

2 May 2016

¿Qué competencias cívicas y éticas pueden enseñarse?

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En la actualidad la enseñanza de la Educación Cívica y Ética pretende desarrollar y fomentar competencias, actitudes y valores en los estudiantes para que puedan enfrentar con éxito sus responsabilidades personales y sociales.

Por: Héctor R. Claudio Agosto, Ed.D. CPL

En esta edición de El Educador presentamos algunas de las competencias cívicas y éticas que se pueden enseñar en las escuelas:

1. Conocimiento y cuidado de sí mismo
Cuando los niños toman conciencia de su valor como personas y de la dignidad que poseen, que además es inviolable, también se alertan de la importancia del cuidado de su salud en las dimensiones físicas y mentales. Aunque el cuidado del cuerpo físico es importante y necesario, también se hace énfasis en la salud mental. Una salud mental óptima permite que los niños adquieran y desarrollen una identidad personal, se aprecien a sí mismos y se cuiden. La competencia de conocimiento y cuidado de sí mismos los hace sentirse personas dignas, valiosas, merecedoras de respeto, seguros de sí mismos y con confianza en sus capacidades y cualidades personales.
En otras palabras, si los pensamientos del niño son: “me conozco”, “me quiero”, “valoro mi dignidad”, “tengo claros mis valores”, “mis ideas y sentimientos”, sus acciones para consigo serán: “me cuido”, “evito riesgos”, “respeto mi cuerpo”.

2. Autocontrol y ejercicio responsable de la libertad
Adquirir y desarrollar el autocontrol, le permite a los niños mostrar conductas socialmente aceptables, y a hacer buen uso de la libertad. Cuando los niños desarrollan autonomía responsable aprenden a asumir las consecuencias de sus actos, aprenden a establecer límites y a respetar a los demás.

Los pensamientos y las conductas de los niños que desarrollan y practican esta competencia son del tipo: “conozco mis límites”, “soy responsable”, “respeto a los demás”, “respeto las reglas”, “me comprometo conmigo mismo”, “organizo mi tiempo” y “cumplo con mis responsabilidades”.

3. Respeto por la diversidad
El desarrollo de esta competencia le permite a los estudiantes: conocer, reconocer, valorar y respetar las diferentes formas de vida que otras personas tienen. En ocasiones, los estudiantes creen que su estilo de vida es el único en el mundo. Los adultos sabemos que dentro de nuestra sociedad existe la diversidad de estilos. Esta diversidad incluye componentes sociales, políticos, sexuales, culturales, religiosos, económicos, de género y origen étnico. No se trata de estar de acuerdo con esos estilos, sino de respetarlos. Las personas con creencias distintas a las nuestras se merecen respeto pues, al igual que nosotros, tienen dignidad y derechos. El desarrollo de esta competencia evitará, o al menos reducirá, los estereotipos, los prejuicios y la discriminación.

Cuando los estudiantes desarrollan la competencia de respeto por la diversidad reconocen a los otros, respetan las diferencias, conviven de manera pacífica con sus iguales y con los que son diferentes. Además reconocen, denuncian y rechazan el prejuicio y la discriminación.

4. Sentido de pertenencia
Esta competencia se refiere a que los estudiantes desarrollen vínculos y apegos por su comunidad inmediata, así como por su patria y por el mundo entero. Con el desarrollo de esta competencia, los estudiantes aprenden que ellos son seres sociales, que pertenecen a diferentes grupos, como lo son la familia o su país, por ejemplo. Esta afirmación les permite entender lo que ocurre en diferentes ámbitos. Este sentido de pertenencia está relacionado estrechamente al desarrollo de la solidaridad y el compromiso social. Los pensamientos y las conductas que generan el desarrollo de esta competencia son: “soy (gentilicio)”, “pertenezco a diferentes grupos”, “me preocupa el ambiente”, “soy solidario”, “rechazo las injusticias” y “respeto a la humanidad”.

5. Solución de conflictos
La adquisición de esta competencia le permite a los estudiantes reconocer que los conflictos son inherentes a su cualidad de humanos. Los estudiantes aprenden que los conflictos pueden y deben resolverse utilizando métodos pacíficos, tales como la mediación, la negociación y el diálogo. Cuando los estudiantes desarrollan esta competencia, aprenden que los conflictos son parte importante de su desarrollo, aprenden formas pacíficas de resolverlos, incluyendo el diálogo, y se cuestionan el propósito de las guerras y la violencia rampante en la sociedad.

6. Participación
Las sociedades actuales requieren que nuestros niños y jóvenes aprendan formas efectivas de participación en los asuntos y los problemas que las afectan. El desarrollo de esta competencia los capacita para que se interesen en una participación real y efectiva en las situaciones que afectan sus hogares, escuelas, comunidades y países. Además, les permite trabajar en equipo, expresar sus razonamientos y exponerse a opiniones distintas a las suyas.

7. Sentido de justicia
El desarrollo de esta competencia les facilita a los estudiantes ampliar su concepto de justicia más allá de conocer la importancia de las leyes, las normas y la justicia jurídica. Implica exponerse al concepto de justicia social relacionada a los derechos humanos y a las relaciones de poder. Mediante esta competencia, los estudiantes aprenden a identificar y a indignarse ante las injusticias, además de denunciarlas y rechazarlas.

8. Aprecio por la vida democrática
El aprecio por la vida democrática conlleva conocer cómo funcionan las diversas instituciones que componen los gobiernos. Además, aprenden a respetar y defender el estilo de vida democrático y a rechazar las injusticias y los abusos de poder. Un estilo de vida democrático es mucho más que tener el derecho al voto o tener libertad de expresión. El aprecio por el sistema de vida democrático requiere el desarrollo y la práctica de valores éticos como la responsabilidad personal y social, el respeto, la justicia, la libertad, la tolerancia, la convivencia pacífica y la legalidad.

Por otro lado, la adquisición y el desarrollo de estas competencias requieren de una escuela que sea capaz de fomentar un ambiente en el que haya espacio y actividades para experimentar y trabajar con situaciones diversas. Algunos ejemplos de estas situaciones son la convivencia, la participación plena, la toma de decisiones informadas y la aceptación de que los estudiantes son seres activos y capaces, entre otras. Sin esos espacios para la experimentación y el trabajo, se pueden enseñar las competencias, los valores y las actitudes, pero no rendirán los frutos que hemos planteado que deben obtenerse.

El desarrollo de estas competencias no es exclusivo de una sola materia académica. Al contrario, el currículo y las experiencias de cualquier asignatura son terreno fértil para la adquisición y el desarrollo de las competencias mencionadas. En otras palabras, todos los maestros y funcionarios escolares, directores, consejeros, bibliotecarios, personal de mantenimiento y otros, son mentores de los estudiantes.

En resumen, el contenido de las asignaturas, el propio ambiente escolar y las experiencias vividas por los estudiantes, dentro y fuera de la escuela, constituyen las fuentes de experiencias para el desarrollo de estas competencias.

Autor: Héctor R. Claudio Agosto, Ed.D. CPL
Consejero Profesional Licenciado. Posee un Doctorado en Educación con especialidad en Consejería de la Universidad de Puerto Rico del Recinto de Río Piedras.

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