Español y literatura

15 Ago 2015

Psicomotricidad y estimulación en la escritura

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El preescolar es el momento más crucial del desarrollo integral del niño y el futuro adulto.

La mayoría de las destrezas más importantes que llega a adquirir el ser humano se desarrollan durante la etapa de preescolar.

Por: Redacción El Educador

Durante los cinco primeros años de formación los sentidos, tanto externos, vista, audición, tacto, olfato, gusto, como internos, es decir los que se activan sin relación directa con otros objetos, -el sentido cinestésico, por ejemplo-, se ven estimulados constantemente y son capaces de ejercer acciones principales, pues juntos se encuentran en plena fase de maduración.

El niño de preescolar requiere, entre otros aspectos, la manipulación dirigida de objetos para desarrollar su motricidad, estimular el desarrollo de su pensamiento y el aprendizaje sucesivo de habilidades más complejas como la lectoescritura.

Importancia de las actividades visomotrices

Tareas como rasgar, cortar, pintar, colorear o enhebrar se relacionan directamente con la capacidad del infante de coordinar su visión con los movimientos de manos y dedos. Estos movimientos controlados y deliberados que requieren mucha precisión, conocidos como de “motricidad fina”, desempeñan un rol protagónico en el posterior aprendizaje de la habilidad manuscrita.

La característica fundamental de las actividades de coordinación visomotriz (cortar o rasgar, por ejemplo) es introducir un “objeto”, llámese lápiz o papel, dentro de un marco de manipulación y uso. Con esto se pretende que el niño adquiera el control sobre sus movimientos y el consecuente dominio en relación con los objetos con los que actúa, y el espacio donde tiene lugar la actividad.

Este tipo de ejercicios suponen la representación mental de la acción, antes de realizarla, por lo que se pueden definir como una sucesión ordenada, funcional y precisa de movimientos ojo-mano, que implican un adecuado funcionamiento de los órganos visuales y una actividad reguladora del sistema nervioso central, para que se produzca la respuesta adecuada, en este caso las grafías del niño.

El objeto (llámese lápiz o papel) despierta al principio el interés en el niño, por eso le resulta atractivo y quiere conocerlo, de ahí que se deje al niño familiarizarse con él. La capacidad que tiene el objeto, en cambio, de retener la atención del niño se debe, entre otras a las condiciones ergonómicas, los colores o las formas amigables que le sirvan de estructura.

Dichas condiciones, hacen que la tarea del maestro sea cada vez más precisa y exitosa en la búsqueda, entre el mundo gestual del infante y el mundo del lenguaje articulado.

La percepción y los procesos cognitivos de la lectoescritura

La base del aprendizaje en la etapa preescolar, se encuentra en lo que conocemos como “percepción”, con ella cada individuo da significado a la información que recibe a través de los sentidos, de ahí lo valioso del estímulo adecuado de la motricidad fina del tacto en los niños.

Cada vez que el niño usa sus sentidos, el cerebro activa un proceso de interpretación y clasificación de los datos que recibe y que posteriormente, le permiten elaborar conceptos simples y complejos. Po eso, la lecto-escritura es un proceso cognitivo que requiere de cierta madurez perceptiva, en especial en las áreas visual, auditiva y de motricidad.

En las investigaciones de los psicopedagogos enfocados en el tema de la preescritura y la didáctica alrededor de la lectura y la escritura, se resalta la atención que debe prestarse a la psicomotricidad. En ellas, se reconoce que el punto de partida para el niño, no es aprender “las letras y sus sonidos, las palabras y sus significados”, sino establecer una relación psicomotriz con el acto de producir lenguaje.

De esta forma, la relación cuerpo-lenguaje se hace cada vez más clara y vital, para que los estudiantes cuenten con las herramientas e implementos adecuados que faciliten el desarrollo de sus habilidades y destrezas.

Por último, es importante que los educadores especializados en estas edades mantengan la búsqueda de ideas, conceptos innovadores y demás herramientas que les permitan perfeccionar su práctica, como actividades en clase y soportes para realizar acciones didácticas, tales como cuadernos, lápices, colores, cartulina o plastilina entre otros. 

Bibliografía

Josette Jolibert. Formar niños productores de textos. Dolmen Estudio, Chile, 1992. Ana Teberosky y Liliana Tolchisnsky, Más allá de la alfabetización, Ed. Santillana, Bs. As., 1995. Centro de Referencia Latinoamericano para la Educación Preescolar, Aspectos generales de la preescritura, Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

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