Español y Literatura

17 Dic 2015

Literatura y bandas sonoras

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Este texto describe cómo lograr un acercamiento a la literatura mediante la música.

Por: Antonio Santa Ana

Me escriben para pedirme un artículo que hable sobre libros y bandas sonoras. Me sorprendo, claro, porque el libro que estoy escribiendo y no sé si terminaré, se llama provisoriamente Buscando una banda de sonido. Trata de una chica que va montada en su bicicleta por la ciudad y la va poniendo música a lo que ve. En el borrador suenan Zas, The Arcade Fire, Belle & Sebastian, Pixies y muchos otros.

Luego de la sorpresa comprendo que los que me convocan saben que en mis libros siempre está presente la música y tienen su banda sonora de manera explícita. Y saben que también soy un músico incipiente desde hace más de treinta años.

Repaso mi biblioteca y encuentro muchos libros que vienen con su banda sonora Qué viva la música de Andrés Caicedo; Rayuela de Julio Cortázar; Alta Fidelidad de Nick Hornby; Tokio Blues de Haruki Murakami. Recuerdo también varios libros de Sergio Olguín que cuando sale una nueva novela suya entrega un CD con la banda sonora entre sus amigos.

Decido entonces escribir sobre La oscuridad de los colores de Martín Blasco. Los motivos son dos. El primero, es una novela que me gusta mucho y no tiene música. El segundo, con Martín tenemos de hace meses un proyecto musical llamado Música para películas que no existen, el estado del proyecto se reduce a decenas de mails y de llamadas telefónicas y ningún ensayo. En algún momento lo haremos realidad.
La oscuridad de los colores transcurre entre 1885 y la segunda década del Siglo XX, es una novela intensa, oscura, que nos cuenta algo del horror que acontecerá en el resto del siglo.

“¿Qué es lo que pretendo? ¿Cuáll es el objetivo que persigo con este experimento? Lo que todo hombre que se precie de tal desea, el único objetivo sensato que alguien puede ponerse en la vida: cambiar el mundo. Entre estas paredes crecerá la humanidad del mañana. El siglo XX se aproxima y de mis manos saldrán sus hombres” dice en su diario J. F. Andrew. Uno de los personajes de la novela que será, para los que la lean, difícil de olvidar. Y lo dice en un mundo que está a punto de cambiar radicalmente con la aparición de las vanguardias estéticas, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa…
Pruebo con un disco, pienso en King Crimson y en el disco Larks’ Tongues in Aspic (1973) la principal característica de este disco es el uso del tritono. Para los que no saben de música, les cuento, el tritono es un intervalo de tres tonos (lo dice su nombre, claro) es un intervalo de cuarta aumentada o de quinta disminuida. En la tonalidad de Do sería Fa sostenido o Sol bemol.

La historia del tritono es una historia que me gusta mucho, aunque no sé si es cierta. Dicen que en la Edad Media los monjes que comenzaron a desarrollar la armonía occidental prohibieron su uso por la gran tensión que genera, lo llamaban el “intervalo del diablo” pensaban que la Bestia podía ser invocada ejecutándolo. Es el sonido clásico de las ambulancias, creo que ya no lo usan.

La tensión del tritono y la tensión de la novela de Blasco son mucho para mí, debo cambiar de disco.

La novela sigue siendo inquietante y perturbadora. Pero también es otra cosa. También tiene esperanza.

Pienso en Gustav Mahler, el compositor más importante de la época en que transcurre la novela. Mahler está a caballo de su tiempo entre el fin del romanticismo y el comienzo de los contemporáneos. Pongo, entonces, la Sinfonía nro. 5 en do sostenido menor. Pero esta sinfonía, qué es muy hermosa, está atravesada por la muerte. Y la novela de Martín, no. La novela sugiere, muy sutilmente, las muertes que vendrán.

“Comenzó a encontrar sosiego en imaginar para ellos vidas posibles”, leo. Y también leo; “porque los colores nacen de la luz”.

Entonces sé, sin dudas cuál es la banda de sonido para “La oscuridad de los colores” Busco entre mis discos, lo encuentro.

Comienza con un clima lúgubre protagonizada por cellos, luego el resto de la orquesta reafirma esto. El piano, entonces, aparece.

Es el Concierto para mano izquierda de Ravel. Fue compuesto para Paul Wittgenstein quien había perdido su brazo derecho en la primera guerra mundial. Entre las curiosidades que me gustan tanto el hermano menor del pianista, Ludwig, un filósofo muy importante, fue compañeros de escuela de Adolf Hitler.

El piano sigue durante toda la obra enfrentándose a la orquesta, hay movimientos sorprendentes, tal vez un poco brutales, no sé explicarlo mejor. Los mismos movimientos sorprendentes y un poco brutales que hay en la novela de Blasco.

El concierto sigue y sigo leyendo. Oscilo entre la oscuridad de los sonidos y la luminosidad de las palabras. Estoy convencido que no voy a poder volver a escuchar este concierto sin pensar en La oscuridad de los colores y en sus personajes. Ni ver el libro sin pensar en Ravel componiendo un concierto para su amigo pianista que había perdido un brazo en la guerra.

Ya lo dijo Martín Blasco: Los colores nacen de la luz.

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