Editorial

24 Nov 2015

Las metas educativas de 2015

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El final de un año, por lo general, trae a colación la actitud del balance: qué se hizo bien, qué se puede mejorar y qué metas quieren alcanzarse. En el mundo educativo, hacer este diagnóstico nos lleva a pensar si las seis metas de la ETP (Educación para todos) previstas por la UNESCO para alcanzarse en 2015 se cumplieron.

Por: Alexa Zárrate Díaz, Dirección El Educador

Desde el año 2000, cuando se celebró en Dakar el Foro Mundial sobre la Educación, se contemplaron como principales metas la “universalización de la enseñanza primaria y la reducción drástica de los índices de analfabetismo”. Al cierre de este año, sólo un tercio de los países lograron todas las metas mesurables.

Este 2015 cierra, según el informe de seguimiento de la “Educación para todos en el mundo” de la UNESCO, con 100 millones de niños que no culminaron sus estudios de primaria, entre otras razones porque viven en zonas de guerras y conflictos, lo que acentúa las posibilidades de no finalizar estos estudios.

El informe advierte además de la necesidad de “extender y mejorar la atención y educación en la primera infancia, en especial para los niños vulnerables y desfavorecidos”.

Frente a la situación de los adolescentes y adultos que viven en países de bajos y medianos ingresos, un tercio de la población no logró terminar el primer ciclo de la enseñanza secundaria.

A lo anterior se suma que las mujeres aún constituyen casi dos tercios del total de la población analfabeta mundial, en contraste con la disminución de adultos analfabetos en el mundo de un 18 % en el año 2000 a un 14 % en el año 2015.

De cara a los nuevos objetivos en materia de educación para el período 2015-2030, la perspectiva se centra en el aprendizaje a lo largo de toda la vida, abordando cuestiones de acceso, resultados, equidad y calidad de la enseñanza para todos.

Ahora bien, el escenario en Latinoamérica y el Caribe se proyecta hasta 2021 con la meta de elevar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Sin embargo, las circunstancias de desigualdad, incertidumbre económica y financiera de nuestra región ponen de relieve el verdadero compromiso o apuesta por la educación.

Somos una región en la que el 40,6 % de la población ―un poco más de 213 millones de personas― son pobres (de acuerdo con el informe del 2005 de la CEPAL), y los efectos que esta condición (la pobreza y, sobre todo, la pobreza extrema) tiene en las familias son devastadores: desnutrición, secuelas en la salud, el desarrollo y educación de los niños, principalmente.

Pero estas desigualdades son manifiestas también en las posibilidades educativas, según el estudio “Cohesión social” de 2007 de la CEPAL y SEGIB, mientras que “más del 40 % de los jóvenes en Chile y Argentina logran completar la educación secundaria, el porcentaje no llega al 10 % en Colombia, Guatemala, Honduras y Nicaragua”.

Estas desigualdades en el acceso a la educación inciden en el acceso al mercado laboral y en los posteriores ingresos económicos, manteniendo el círculo de pobreza.

Aunque el ambiente se ve desolador, se advierten esfuerzos en los sistemas escolares de la región para lograr una escolaridad de 12 años que se orientan a conceder más tiempo al aprendizaje, más recursos para responder a las demandas de los estudiantes, más inclusión para las minorías étnicas, más condiciones para el ejercicio de la profesión docente.

Y quizá, uno de los factores que más ha incidido, ha sido el interés de los sistemas educativos por participar en estudios internacionales de evaluación y de disponer de indicadores más veraces. Al respecto, el economista y experto en educación, Alfredo Sarmiento Gómez advierte que “los primeros sistemas de evaluación sobre la “calidad” educativa, así entendida, trataban de medir y valorar los conocimientos adquiridos. Pero cada vez hay una conciencia más clara que los logros educativos deben ir más allá del conocimiento para cumplir las aspiraciones de las personas como individuos y como sociedad”.

Aunque esta reflexión sobre cómo estamos y hacia dónde queremos ir en el ámbito educativo es ardua, no debe recaer sólo en la educación la responsabilidad de resolver las problemáticas sociales, o como bien dice el reconocido educador y pedagogo argentino, Juan Carlos Tedesco “en un marco de conflicto, de incertidumbre, de experimentación y de ajuste permanente, es muy importante introducir la perspectiva de largo plazo y del sentido de nuestras acciones.”

Por lo tanto, el compromiso por la educación en verdad sí es de todos. Ya lo mencionaba Jacques Delors en el informe oficial de la UNESCO “La educación encierra un tesoro”, conocido también como el Informe Delors cuando afirmaba que “la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social.”

 

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