Gestores de paz

22 Dic 2016

La paz: un reflejo de nuestras creencias

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¿Nos educaron para la paz? ¿Cómo adquirimos el concepto de este valor?

“Cuando un hombre no tiene paz dentro de sí mismo, se dedica a compartir el malestar que lleva dentro. La guerra externa es el resultado de la guerra interna”. Estas palabras del escritor Guillermo Ferrara pueden traerse a colación para reflexionar sobre la paz y la educación.

Desde que nacemos, empezamos a ser impregnados por las creencias de quienes nos rodean, fundamentalmente, de nuestros padres. De ellos tomamos sus valores y hábitos, y tendemos a ser reproductores fieles de su visión y conducta. El primer contacto que tenemos con aquello que conocemos como la educación es la formación dada por nuestra familia.

La educación entonces va más allá del aprendizaje de una ciencia y del acceder a un lugar para ser instruidos, somos educados de manera, muchas veces, inconsciente y, sobre todo, a través del actuar de nuestros referentes más inmediatos. El concepto que tengamos de valores como la paz, el perdón y la reconciliación son formados, en primera instancia, por el núcleo familiar cuyas consideraciones sobre estos valores son basadas en creencias de tipo religioso, más que filosófico.

Los credos religiosos están más hechos para cuestionar el proceder de los seres humanos y no para motivarlos hacia su plenitud y felicidad. Las religiones ortodoxas inculcan el miedo y quien teme interiormente, sólo puede manifestarse en guerra porque no hay paz en sí mismo. En su interior se libra una batalla entre lo anhelado y lo que se cree, que por lo general son aspectos que van en contravía.

La paz es el resultado de ser feliz, de vivir en armonía consigo mismos, lo que lleva a aceptar al otro tal y como es. Sin embargo, difícilmente las personas vivimos de esta manera y al no tener paz interior, caemos en conflicto con otros.

En definitiva, no hemos sido educados para la paz, en nuestro intelecto y emociones estamos llenos de dudas, miedos y contradicciones. Si bien, la academia juega un papel fundamental para poder transformar los conceptos erróneos adquiridos, mediante la enseñanza de diversas posturas, las ideologías aprendidas son complejas de modificar. En primer lugar porque fueron adquiridas a una edad muy temprana y, en segundo, porque el actuar de los seres humanos va tras la búsqueda de la aprobación para evitar ser castigados en caso de pensar y sentir diferente.

Pese a este panorama, no hay que “perder la fe” en la academia, ya que ésta sigue desempeñando un papel fundamental a la hora de educar para la paz. Debemos exigir que tal educación no se base simplemente en impartir una cátedra, sino en la forma democrática e incluyente como operen las mismas instituciones que transmiten el conocimiento. A la hora de educar, es esencial la coherencia entre lo impartido y el accionar.

Lo que debemos preguntarnos
¿Verificamos la coherencia de lo que creemos? ¿Cómo las creencias influyen negativa o positivamente en nuestro comportamiento? ¿Lo que creemos nos lleva manifestarnos desde el conflicto o desde la paz?

Estamos llamados a dejar de lado los preceptos que nos conduzcan al miedo y nos desarmonicen. Si algo nos lleva a transitar por el conflicto consigo mismos y con los demás, es hora de desecharlo. Es tiempo de educarnos para vivir en plenitud, es el momento de formarnos para buscar la armonía. Es tiempo de educarnos para la paz y de manifestarla en nuestros actos.

Nota: Este es un artículo de opinión realizado por la periodista Paola Andrea Peña Comunicadora social y periodista, especialista en gerencia social. Ha sido gestora local trabajando en proyectos con comunidades y familias. Cuenta con experiencia en el manejo de las tecnologías de información y comunicación enfocado a proyectos rurales y de educación superior. También se ha desempeñado como facilitadora de talleres para productores rurales y tutora virtual.

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