Al momento de sentarme a escribir este artículo, después de rumiarlo durante una larga semana, una crisis financiera profunda sacude a todos las bolsas de valores y los mercados del mundo. Otro banco de inversión, el cuarto más grande de los Estados Unidos se declara en bancarrota y el evento desencadena toda suerte de imprevisibles consecuencias. No entiendo mucho de lo que sucede, ni puedo tampoco adivinar lo que sucederá ahora, pero lo poco que entiendo y lo poco que logro anticipar, puedo hacerlo en buena medida por las matemáticas que sé. No tanto, en realidad, por las matemáticas que sé sino por lo que las matemáticas que he estudiado toda la vida me permiten hacer: analizar la información que recibo, procesarla, contrastarla, evaluarla y sacar conclusiones. No me bastan, para ello, las matemáticas, pero sin ellas mi confusión sería total.