Entrevistas

Entrevista con Cecile Roumiguière
12 Sep 2017

Entrevista con Cecile Roumiguière

F.H.D.: Recientemente se tradujo al español su libro Los frágiles: es una obra de contenido potente que aborda preguntas complejas en el proceso de crecimiento de un adolescente, que se desarrolla en el contexto de una sociedad multicultural. ¿Puede decirnos cómo nació la novela y el impacto que tuvo?

C.R.: La idea de Les Fragiles (Los Frágiles) llegó luego de un encuentro que tuve dictando una clase. Estaba hablándo de otro libro, Pablo de la Courneuve, a un grupo de niños de 9 años. El Pablo de esa historia es un niño colombiano cuya familia se instaló en Francia, la novela habla de su llegada, de sus problemas para adaptarse a su nueva vida. Estaba diciendo que me parecía estúpido el racismo y ahí, un niño se puso todo colorado y me interrumpió: “¡Pero señora, a mi…como así,  mi papá es racista!”

Escuché las palabras de este niño, me llegaron como un demoledor puñetazo a mis grandes certezas. Más allá de nuestros pensamientos, de nuestras convicciones, hay niños que viven el racismo todos los días, que se encuentran atrapados entre el colegio dónde se les enseña a convivir sin hacer distinciones por raza, color ni nada y la casa en donde el padre, los padres, les enseñan todo lo contrario. ¿Así cómo van a crecer? ¿Cómo serán cuando adultos?

Sin tener la respuesta, supe inmediatamente que iba a escribir una historia con esta problemática. El niño tomó los rasgos de Drew, un “frágil” que busca desesperadamente a su alrededor un “tutor” (como la estaca que sostiene el arbolito en crecimiento) que le permita crecer, un apoyo para lograr ir más allá de sus dificultades más íntimas.

 

F.H.D.: ¿Por qué y cómo abordar temas difíciles en la literatura escrita para jóvenes? ¿Cuáles son sus características?

C.R.: Sin querer dar una lección ni una explicación del mundo, yo siempre encontré ecos a mis vivencias y a mis preguntas personales en los libros, en las películas. Amo las novelas que resuenan y agrandan también mis campos de inquietudes. Del mismo modo, cuando escribo historias, éstas responden a interrogantes que me hago, y que pienso se hacen los niños, los adolescentes. Estas edades donde uno se construye son, sin duda alguna, los momentos de la vida en los que uno se hace más preguntas.

Podemos conversar, pero a veces los adultos a nuestro alrededor no tienen las respuestas, o no tienen ganas de compartir ciertos temas con sus niños. A veces, el niño o el adolescente prefiere guardarse para sí ciertas preguntas. Y ahí, afortunadamente, están los libros, las películas, las historias.

 

F.H.D.: ¿Puede la literatura realista ser considerada como una tendencia fuerte en la literatura para los jóvenes en Francia?

C.R.: Sí, ese movimiento de “Literatura realista” siempre estuvo presente en la vida cotidiana. A pesar de las grandes modas de Fantasy, estas novelas resisten. Responden sin duda a una necesidad.

 

F.H.D.: ¿Tiene la narrativa juvenil francesa características que le dan una identidad?

C.R.: Conozco muy poco las literaturas de otros países, de otras culturas, como para dar una respuesta más precisa. La pregunta que se puede plantear hoy en día más bien, es cómo contar, cómo describir una sociedad en mutación cuando aquellos que escriben lo hacen frecuentemente “reflejando” sólo lo que sienten, lo que excluye una parte enorme de la sociedad. ¿Cuántos personajes provenientes de culturas mestizas hay en las novelas francesas? ¿Personajes que no son tomados como representantes de este mestizaje sino como figuras “ordinarias, promedio” de la sociedad francesa en la que viven? Pienso que hay mucho por hacer en este sentido.

Para volver a la narrativa que  lee la juventud francesa, no tengo las cifras, pero me parece que el relato de lo cotidiano, de lo íntimo, resiste a pesar de los tsunamis de novelas o cuentos adaptados de los blockbusters americanos o de las series de televisión y juegos de video. Es de pronto en este punto que podemos hallar una identidad “francesa”, se encuentra como una forma de resistencia.

En cuanto a la formación del carácter, los libros para los jóvenes hacen hincapié en los procesos de crecimiento, en la búsqueda de identidad, en el sentimiento de pertenencia a un grupo, en el sentir y expresar de sus emociones, en experimentar la transgresión…

 

F.H.D.: ¿Cómo puede un autor construir personajes que sean creíbles y profundamente humanos a pesar de su complejidad?

C.R.: Sin duda observando a los niños, a los adolescentes, escuchándolos. Y mezclando con estos encuentros, recuerdos personales. Todos sabemos lo que se siente, por ejemplo, en los primeros arrebatos amorosos, basta con escarbar los recuerdos de estas emociones, integrarlos como un ingrediente en esa masa de la escritura. Los personajes a veces también se construyen, se imponen por su propia fuerza. Surgen de vivencias tan profundamente enterradas en nosotros que ni siquiera sabíamos que las teníamos ahí, en nuestro yo. Y trabajar los detalles también. En ocasiones decimos más describiendo la forma como un personaje toma su café, como sostiene la taza entre sus manos, como respira el vapor caliente de la bebida antes de mojar sus labios, que haciendo que ese personaje lo explique directamente.

 

F.H.D.: ¿La literatura juvenil y la literatura para adultos tienen lenguajes y arquitecturas narrativas diferenciadoras?

C.R.: No creo. Podemos hablar con palabras “complicadas” a un niño. En el álbum, por ejemplo, si la palabra es bonita y es necesaria, la utilizo. Para dar una idea, escribí una historia para niños muy jóvenes en dónde hablo de “guinkgo biloba”, es una palabra tan bonita, una palabra que suena como una fórmula mágica, y el niño comprende enseguida, ve la imagen del árbol al lado. Lo que sí hace una diferencia son las referencias. Aunque deslice a menudo referencias, como migas de pan para alimentar el lector y darle ganas de descubrir obras que me gustaron, no sirve de nada aturdirlo con referencias que no tiene, eso no puede sino dejarlo atrás, hacerlo renunciar a ir más lejos en la historia. Sin duda algo similar ocurre en la literatura para adultos.

 

F.H.D.: ¿Frente a la avalancha de sagas en el mundo de la edición y la comercialización de obras que tienen una fórmula estereotipada, cómo puede el escritor conservar una voz propia y qué elementos pueden ayudar a suscitar el interés del lector hacia una verdadera literatura?

C.R.: No es fácil, es cierto. Los niños muy jóvenes están impregnados de estereotipos, de clichés esparcidos por la televisión, por los juegos electrónicos. Romper estos esquemas de estereotipos no es nada sencillo, hay que luchar con las armas que tenemos: el estilo, la empatía con los personajes, la cercanía íntima que puede haber entre el lector y la historia… Y sobre todo necesitamos “transportistas” de historias. Sin acompañamiento, el niño irá con más frecuencia a lo que ya conoce, a lo que ve todos los días (los héroes de televisión o los juegos de video, por ejemplo). Pero si uno le abre las puertas de un libro, donde encuentra algo que lo emociona, lo que sucede de este modo es fuerte, intenso. Un libro puede cambiar el curso de una vida, sigo convencida.

 

F.H.D.: ¿Puede ofrecernos su opinión de cómo literatura para jóvenes para ayudar a construir un mundo más inclusivo?

C.R.: El mundo es violento, por donde se mire el panorama es sombrío: del lado de la ecología, de las guerras, del terrorismo, de la miseria… La literatura no es accesoria, es la salida posible para que los niños, los adolescentes, no se queden solos frente a preguntas que podrían abrumarlos o hundirlos en el pesimismo. Los libros son una puerta para la construcción de una esperanza en ellos, una esperanza que les permita considerar vivir y ser un día adultos preparados para afrontar este mundo, intentar reconstruirlo, ¿quién sabe? Leer, soñar, imaginar… sin eso, la sombra podría ganar.

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