Editorial

1 Sep 2015

EL PILEO UNA APUESTA POR LA EDUCACIÓN: PLAN PARA FORMAR EN LOS PROCESOS DE COMPRENSIÓN Y PRODUCCIÓN TEXTUAL.

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Entre las quejas más comunes que pueden escucharse en los profesores de secundaria, e incluso en la Universidad, están aquellas en las que son notorias las falencias en lectura, escritura, incluso ortografía que tienen los estudiantes, y cómo esto se evidencia cuando por ejemplo, deben hacer una presentación oral, jugándoles malas pasadas.

Colombia es un país en el que por lo general, “se habla más de lo que se debe”, “se escucha solo lo conveniente”, “se escribe mucho menos de lo que se habla” (¡Ah!, y sin ortografía) y por si fuera poco, “se leen menos de dos libros al año por persona”, de acuerdo con uno de los estudios elaborados por el CERLALC (2012) y cifra sostenida en la última encuesta de Consumo Cultural del Dane (Diciembre, 2014).

Ser maestro de lenguaje, en nuestro país, conlleva una serie de responsabilidades, que entre otras muchas, están orientadas a formar en los procesos de comprensión y producción textual, y los docentes que tienen esa misión, saben que, históricamente, ha sido titánica y solitaria.Con este panorama, repensar la forma en la que los maestros orientan y cualifican los procesos de comprensión y producción textual, desde los contextos particulares en que nos movemos, se convierte en un reto educativo para los próximos años.

Esta tarea ha sido aún más titánica pero ya no es tan solitaria, gracias a que desde hace unos años, existe en nuestro país un deseo real de formular políticas que invitan a que las instituciones educativas, evalúen la forma como abordan los temas de lectura, escritura y oralidad, y determinen planes de mejoramiento alrededor de estos tópicos y reflexiones.

Pero, ¿cuál es el origen de estas políticas? Indudablemente, la preocupación. Al Ministerio de Educación le inquietan los resultados de nuestro país en las Pruebas Pisa, a las instituciones educativas les preocupan sus resultados en las Pruebas Saber, a los maestros, los resultados de su área en las mismas Pruebas y a todos, a unos más que a otros, nuestros niños y jóvenes; aquellos que cada día entran a las aulas y cuyas competencias solo se desarrollan allí, más allá que en el papel.

Son estas preocupaciones (y por supuesto algunas otras de más alto impacto inmediato) las que llevan a que en nuestro país, se piense en un Plan Nacional de Lectura y Escritura orientada a la sociedad en general, desde sus programas culturales, pero que también involucre a las instituciones educativas y principalmente a las aulas, que es donde ocurre el milagro de la didáctica y en donde realmente formamos a los hombres y mujeres que nos sucederán.

Para que el PNLE llegue a las aulas, es necesario forjar planes desde cada institución y desde cada necesidad. En este orden de ideas, lo que viene es creer en el PILEO (Plan Institucional de Lectura, Escritura y Oralidad) como lo que es, un plan de mejoramiento institucional en el desarrollo de las habilidades comunicativas de todas las personas que hacen parte de la institución educativa.

Al hablar de PILEO nos referimos a un plan que busca impactar a los estudiantes mediante la cultura institucional, el testimonio, la didáctica y la formación constante de sus maestros. Esta formación se centra en la reflexión sobre la tarea diaria y en la manera como cada quien aporta a la globalización de la lectura, la escritura y la oralidad desde el área que orienta. Vale la pena entonces, trabajar en los principios didácticos, en los imprescindibles, cuando del desarrollo de las habilidades comunicativas se trata.

Desde esta perspectiva y para que el PILEO sea lo que todos queremos, debe cumplir con tres exigencias mínimas:

  • Institucionalidad: debe ser liderado desde el Consejo académico o, mejor aún, desde el Consejo directivo. Este aspecto es clave debido que es allí, desde donde se toman las decisiones que involucran a todos los estamentos de la institución. Todo esto con el objetivo de que el PILEO cumpla con los dos siguientes requisitos:
  • Transversalidad: convertirse en parte de la cultura institucional y estar alienado con el sentido del PEI del colegio, desde todos sus componentes.
  • Interdisciplinariedad: proveer herramientas pedagógicas, metodológicas y didácticas que permitan el abordaje de las mismas desde las diferentes disciplinas del saber.

Es muy probable que esta mirada, muy desde el quehacer de aula y desde el compartir con maestros de todas las áreas y de todas los lugares de nuestro país, no evidencie que la “salvación” está en el PNLE y específicamente en el PILEO, pero lo que sí es cierto, es que estas reflexiones dadas desde nuestro Ministerio, pueden llegar a ser un estratégico punto de partida para que los maestros, replanteen su labor, en relación con el desarrollo de las habilidades comunicativas y resignifiquen su importancia dentro de los intereses de aprendizaje que tiene cada área del saber.

Recordemos que… “Cualquier herramienta que caiga en las manos de un maestro es potencialmente magnífica”.

Fuente: Ministerio de Educación Nacional – Centro Regional para el Fomento del Libro en América
Latina y el Caribe CERLALC. (2014). Plan Nacional de Lectura y Escritura “Leer es mi cuento”.
Componente de Formación a Mediadores. Documento de lineamientos conceptuales,
metodológicos y operativos. Bogotá D. C.

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