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10 Feb 2017

El papel de los padres en el desarrollo del pensamiento matemático de sus hijos

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La importancia del papel de los padres en la formación de sus hijos en todas las etapas de su vida es innegable y, en el caso del desarrollo del pensamiento matemático, mucho más.

Recuerdo un episodio de mi infancia que puede poner en evidencia lo que algunos padres de familia esperan de los colegios, respecto a la formación de sus hijos: Cuando yo era pequeño, solía comer de una forma, digamos, non sancta y, ante eso, un día mi padre me increpó: “¿Eso es lo que le enseñan en el colegio?”.

Así como él, todavía existen padres de familia que consideran que la responsabilidad de la educación de sus hijos recae exclusivamente en el colegio.

Sin embargo, aunque las prácticas de enseñanza de los colegios, (quizá no de la mayoría) implican proveer a sus estudiantes de mucha información, se descuida, o quizás se da por hecho, la formación (educación) que traen de sus hogares. Y esto es mucho más evidente en el área de matemáticas, ya lo advertía el profesor Bernardo Recamán Santos cuando era consultado respecto al “verdadero propósito de enseñar matemáticas”.

Sea que los colegios piensen más en la formación que en la información o viceversa, la importancia del papel de los padres en la formación de sus hijos en todas las etapas de su vida es innegable y, en el caso del desarrollo del pensamiento matemático mucho más.

El apoyo de los padres para desarrollar pensamiento matemático en sus hijos puede precisarse en los siguientes puntos:

  • Padres como formuladores de necesidades

El aprendizaje y el desarrollo de pensamiento se ven estimulados en gran medida, cuando la persona se ve expuesta a necesidades. Esto que digo no es novedoso: una persona que tiene todas sus necesidades resueltas, que no tiene que resolver problemas (ni los más mínimos) para alcanzar sus deseos y requerimientos, tiene menos probabilidades de ser una persona capaz y competente.

En ese sentido, los colegios proponen a sus estudiantes cierto conjunto (controlado) de necesidades que les ayudan para su formación, sin embargo, en muchos casos, estas necesidades resultan insuficientes o artificiales, dadas las mismas características del ambiente escolar. Por ejemplo, en el caso de las matemáticas, es difícil proponer contextos de necesidad para algunos ejes de pensamiento y algunos objetos matemáticos, y es allí donde entran los padres de familia.

Un padre de familia, convenientemente formado por el colegio, puede proponer a sus hijos necesidades orientadas a estimular la aplicación de los objetos (conceptos y algoritmos) que le ayuden al desarrollo de sus procesos de pensamiento matemático, con un efecto positivo adicional: los estudiantes pueden empezar a ver la relevancia de las matemáticas en su vida.

Hay muchos ejemplos de este tipo de acciones de los padres de familia. En el caso de la ubicación espacial, pueden proponer a sus hijos acompañarlos a una parte de la ciudad desconocida para ellos, y luego pedirles que hagan un mapa para alguien que quiera visitar ese mismo lugar.

Con respecto a otro objeto matemático, un padre de familia podría proponer a su hijo analizar un conjunto de datos para estudiar la veracidad de afirmaciones relacionadas con esta información.

  • Padres que muestran el aporte de las matemáticas en su vida

Son muchos los ejemplos de que el ambiente en el que se forman los niños influye sobre sus gustos, intereses y aptitudes. En ese sentido, es muy valioso que los padres incluyan en sus conversaciones familiares algunos aspectos de la forma como las matemáticas les ayudan en sus actividades en el hogar o en el trabajo.

Esta es una manera natural de mostrarles que las matemáticas no son sólo un asunto del salón de clases, sino que trascienden a la vida, e inclusive a la vida de los adultos.

Por ejemplo, un padre de familia podría hablar en el desayuno sobre el incremento de los precios de los alimentos, pero no en tono de queja, sino haciendo la cuenta de cuánto cuesta un desayuno en casa y uno por fuera o estudiando la posibilidad de cambiar tal o cual hábito alimenticio por uno más saludable y económico.

  • Padres que no se confiesan (activa o pasivamente) como anúmericos

Una actitud de los padres, más usual de lo que se quisiera, es confesarse no aptos en matemáticas. Frases como: “Yo de matemáticas no sé, pregúntale a tu mamá”, “A mí eso ya se me olvidó, tenemos que conseguir un profesor particular”, “Nunca fui bueno para matemáticas”, “Te ayudo con todas las tareas, menos con las de matemáticas”, y todas sus variantes, son comunes en los hogares y terriblemente dañinas para la motivación de los estudiantes y su desarrollo de pensamiento matemático.

No voy a intentar tapar el sol con un dedo… Sé que a muchas (¿la mayoría?) de las personas, la materia de matemáticas no era la que más les gustaba en el colegio, ni de la que más recuerdan en su vida adulta, pero eso no justifica que dicha percepción, se transmita a sus hijos. En este sentido, es mejor tener la actitud que sugiere el siguiente punto de esta lista.

  • Padres que preguntan a sus hijos sobre sus procesos de pensamiento

En vez de confesarse no adeptos a las matemáticas, unos padres convenientemente formados por el colegio, pueden formular preguntas a sus hijos sobre lo que están haciendo en esta materia. Ciertamente, las preguntas son un motor del aprendizaje y, en este caso, funcionan como promotoras de la relación pedagógica entre los padres y los hijos.

No se trata de preguntar la lección a los hijos. Se trata de interesarse genuinamente sobre la forma en que piensan cuando trabajan en matemáticas y, por esta vía, detectar sus fortalezas y debilidades, y en el caso de que hubiera de las últimas, reportar al colegio por los medios establecidos.

Los anteriores puntos pueden ayudarnos a re-pensar nuestro papel como formadores de nuestros hijos en sus procesos de pensamiento matemático. Sin embargo, antes de terminar, quisiera incluir una nota adicional relativa a la frase: “padres de familia convenientemente formados por el colegio” que he incluido un par de veces en este escrito.

La mayoría de colegios cita a los padres de familia a reuniones informativas sobre múltiples aspectos: entrega de notas, salidas pedagógicas, eventos especiales, etc. pero pocas veces los citan para reuniones formativas.

En mi experiencia como docente y asesor pedagógico, he podido constatar que los padres de familia pierden paulatinamente el interés por asistir a las reuniones informativas que cita el colegio, pero en cambio, he sido testigo de lo ávidos que están por asistir a reuniones en las que realmente les den herramientas para acompañar el proceso de formación de sus hijos. En ese sentido, si los colegios reorientaran las reuniones de padres hacia la formación de los objetivos, seguramente esto redundaría en que ellos pudieran asumir un papel más activo y pertinente en la educación de sus hijos.

La responsabilidad en la educación y formación no es exclusiva del colegio, es compartida también con los padres.

 

 

El autor:

carlos-diez

 

Matemático de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz y Magíster en Educación de Universidad de Los Andes.
Tiene amplia experiencia en formulación e implementación de proyectos pedagógicos en el nivel escolar de educación básica, media y superior, tanto en el sector oficial como privado.
Ha sido conferencista nacional e internacional y docente de diversas temáticas relacionadas con educación en áreas como matemáticas, pensamiento y metacognición.
Durante ocho años fue Director de Formación Docente en la Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Hoy en día es asesor para la elaboración de los marcos teóricos y los ítems de las pruebas Saber Pro del ICFES, profesor del Instituto de Neurociencias Aplicadas y Decano de la Facultad de Matemáticas e Ingenierías de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria, es miembro del Consejo Directivo de la Asociación Colombiana de Facultades de Ciencias (ACOFACIEN) y realiza consultorías en instituciones educativas en Colombia y en el exterior.

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