Ciencias Sociales

2 May 2016

El desafío de formar en valores

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No será nada difícil que muchas instituciones educativas y numerosos maestros sientan que las miradas de los padres de familia de sus alumnos y de la sociedad en su conjunto están puestas en ellos, cuando se trata de formar en valores, como si la responsabilidad fuera completamente suya.

En las siguientes líneas intentaremos desarrollar algunas reflexiones que permitan delimitar el horizonte en que se ubica esta temática: la formación en valores.

Partimos de la siguiente convicción: es indispensable formar en valores a nuestros hijos y jóvenes a fin de asegurarnos de que sean en su vida: “personas que se han desarrollado plenamente, con mentalidad abierta y libre de prejuicios, capaces de trabajar en equipo, con un gran sentido de solidaridad y de justicia, responsables con su medio ambiente, ciudadanos comprometidos en los problemas más apremiantes de su sociedad, con actitud investigativa”. Y por si lo anterior fuera poco, esperamos que puedan: “expresar sus emociones entablar sólidos lazos de amistad y afecto, disfrutar la vida y conseguir su cuota de felicidad.”

Estamos de acuerdo con Fromm en que “la realización del yo” ocurre no sólo por los actos del pensamiento, sino más bien por la realización de la personalidad humana total, que incluye la expresión activa no solo de las capacidades intelectuales, sino también de las emociones y las instintivas. (Abraham Maslow, Motivación y personalidad, Madrid, Ediciones Díaz de Santos S.A., p.179).
Todo lo que decimos en el párrafo anterior a la cita constituye, para cada individuo, un proyecto para toda su vida una tarea permanente, que no se cierra ni se puede dar por concluida, que no se reduce a una etapa cronológica en la existencia del ser humano. Por el contrario, es un compromiso que demandará su esfuerzo a lo largo de la vida.
Pero hay, al menos, cuatro responsables en esta compleja tarea de formar en valores.

La tarea de formar en valores

Por un lado, interviene la sociedad en la que vivimos al señalar hacia donde marchamos como comunidad, al marcar las prioridades de una agenda social, al decir a los ciudadanos hacia donde apunta el esfuerzo y el sacrificio común. Pero también lo hace desde el estilo de vida, de gestión y de discurso de las autoridades: si buscan el bien común o solo les motiva el interés personal. Interviene desde las propuestas que nos hacen los medios de comunicación masiva, los líderes religiosos, políticos, económicos. Lo hace desde el estilo de servicio y eficacia o de burocratización e ineficiencia de sus instituciones públicas.

Los padres de familia tienen una gran parte de esta responsabilidad formativa, al ser ejemplo y modelo de congruencia para sus hijos; al procurar crear un entorno en que cada uno de sus vástagos encuentre acogida afectiva, seguridad, recursos, diálogo, para desenvolver su personalidad, para aprender a afrontar los retos diferentes que les plantea la vida en sus distintas etapas. Y en todo momento, sin importar la edad de sus hijos, estos deberán encontrar en sus padres el acompañamiento necesario para sus penas y alegrías, para sus aciertos y equivocaciones, para su esfuerzo constante por ser mejores personas.

La familia está considerada como unas de las fuerzas más poderosas en la educación y formación de la personalidad y de los valores como estructura compleja de esta. Es por ello la importancia de que en el seno del hogar se respire un clima emocional positivo; cargado de afecto, comunicación y tolerancia mutua.

De su lado, intervienen las instituciones educativas y los maestros en la medida en que contribuyen a formar hábitos de trabajo, habilidades comunicativas, actitudes permanentes de cuestionamiento e investigación; en cuento favorecen procesos de diálogo, de trabajo compartido, de respeto e inclusión de las opiniones diferentes, de superación de los prejuicios, de desarrollo de un profundo sentido de amistad y compañerismo. Como se podrá suponer, estos planteamientos van más allá de la pura ejecución y cumplimiento de los contenidos del currículo.

Pero en el proceso de formar en valores intervienen también los propios estudiantes, en cuanto asuman ese reto permanente y lleno de significados y potencialidades que significa desarrollarse como individuos plenos; en cuanto vislumbren el trabajo serio que implica conseguir su propia felicidad, superando el deslumbramiento y las falsas promesas de la sociedad de consumo. En la medida de que sean capaces de discernir su propio camino en medio de una sociedad sin referentes claros, sin orientaciones precisas, con criterios morales y éticos poco apreciados y valorados.

El desafío de formar en valores
Establecido lo anterior, quisiéramos añadir otras reflexiones que consideramos útiles a la hora de plantearnos el desafío de formar en valores:

Puede ayudar el visualizar que la vida de cada individuo funciona en varias dimensiones, en cada una de las cuales, operan unos valores específicos; valores hacia sí mismo, valores hacia los demás; valores hacia la comunidad; valores hacia el entorno natural.

Conviene tener en cuenta que los valores se remiten unos a otros. Por ejemplo: el amor reclama respeto, confianza, conocimiento, fidelidad…. Por tanto, esto nos ofrece la flexibilidad necesaria a la hora de esbozar nuestros programas de trabajo ya que, en principio, podemos iniciar nuestra labor con cualquier valor que lo estimemos importante bajo diversos argumentos.

El ejemplo que ofrecemos a niños y jóvenes resulta determinante a la hora de enseñar valores. También lo es la congruencia entre nuestro decir y nuestro obrar.

Este proceso puede demandar el avanzar contra la corriente de lo que nos llega desde la sociedad global, desde la sociedad nacional, a través de las redes sociales y de todos los medios de comunicación.
Tarea desafiante y compleja la de formar a nuestros niños y jóvenes en valores, especialmente si todo el contexto social nos deslumbra con sus antivalores, tal cual lo apunta Eduardo Galeano.

“Ser es tener”, dice el sistema. Y la trampa consiste en que quien más tiene, mas quiere y en resumidas cuentas, las personas terminan perteneciendo a las cosas y trabajando a sus órdenes.

El modelo de la vida de la sociedad de consumo que hoy día, se impone como modelo único en escala universal, convierte al tiempo en un recurso económico, cada vez más escaso y más caro: el tiempo se vende, se alquila, se invierte. Pero ¿Quién es el dueño del tiempo?

El automóvil, el televisor, el video, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ganar tiempo o para pasar el tiempo, se apoderan del tiempo. (Eduardo Galeano, Úselo y tírelo, Buenos Aires, Editorial Planeta, p,125).

Bibliografía
– MASLOW, Abraham, Motivación y personalidad, Madrid, Ediciones Díaz de Santos S.A.
– GALEANO, Eduardo, Úselo y Tírelo, Buenos Aires, Editorial Planeta
-“La Familia y la formación académica e integral del estudiante” Revista Didáctica de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Libros de Texto.

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