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El populismo

Autor: Salomé Escudero

Marco político: El populismo no cabe en el marco conceptual de un partido ni el de un movimiento. Los politólogos definen a los partidos políticos como grupos con lineamientos doctrinarios definidos, estructura interna, estatutos con fuerza coercitiva para sus integrantes y una proyección externa perdurable. En contraposición, definen a los movimientos políticos como agrupaciones heterogéneas cuyos miembros se vinculan en torno a un propósito determinado cuya realización determina su extinción.

Definición: En su Enciclopedia de la Política, Rodrigo Borja define al populismo como una desordenada movilización de masas, "un arrebañamiento", sin brújula doctrinal.  Lo enuncia como la antítesis de la democracia, pues en ella la participación del ciudadano es conciente y reflexiva, en tanto en el populismo es emotiva, arremolinada, exaltada.

Las personas no participan en cuanto individuos dirimentes. Son parte de la masa eufórica que se admira el verbo exaltado del caudillo; se identifica con sus denuncias de exclusión y pobreza; y, sucumbe ante la seducción de las ofertas de cambio de statu quo aunque no avalice las mismas con mecanismos concretos o al menos plausibles.

Surgimiento: El populismo, empieza a gestarse a inicios de las primeras décadas del siglo XX y se explica por la sumatoria de algunos factores:

  • El impacto devastador de la I Guerra Mundial (1914 - 1918) y la caída de Wall Street en la economía de los países latinoamericanos, basados en la exportación de productos primarios. Tal debacle evidenció la crisis el modelo agro exportador y  propició la necesidad de aplicar un modelo alternativo.
  • En el caso ecuatoriano el principal producto de exportación era el cacao. Su comercialización  dio lugar al nacimiento de fortunas que no pernearon los bolsillos de unas pocas familias vinculadas con la exportación y  comercio de este producto (los "gran cacao") y posteriormente a los plutócratas que concentraron los márgenes financieros de esta actividad.  Esta concentración creó  descontento entre el grupo de los marginados de la bonanza económica.
  • Simultáneamente, la lógica de acumulación del modelo liberal fue aumentando el grupo del "pueblo" como genéricamente se denominó al sector contrapuesto a la oligarquía. Este incremento obedeció al surgimiento de una industria de servicios derivados de la actividad exportadora y bancaria,  y propició la concentración de estos grupos en torno a gremios  o a los incipientes partidos socialista y comunista. A finales de la década de los 30 en Ecuador se registraron 186 organizaciones gremiales y obreras, frente a las 34 que existían al  final de los 20.

Desarrollo: En este ambiente,  la retórica de los caudillos populistas se basó en la antagonía  pueblo - oligarquía. El líder apareció cual un interlocutor beligerante entre "su masa"  y los enemigos.  Ese fue el patrón de las proclamas de Getulio Vargas en Brasil,  Juan Domingo Perón en Argentina, Jorge Eliécer Gaitán en Colombia,  Víctor Raúl Haya de la Torre en el Perú y  José María de Velasco Ibarra en  Ecuador.

Muchos de estos caudillos se empoderaron con el apoyo de un creciente estrato proletario que devino del proceso de industrialización nacional propuesto por la CEPAL (Comisión Latinoamericana de las Tacones Unidas para América Latina) en 1954 y avalado económicamente en 1961 por "Alianza para el Progreso".

El Neopopulismo:

A partir de 1981 la instauración de las "reaganomics"  en los Estados Unidos constituyó el detonante de la crisis para los países deudores subdesarrollados. En un intento para superar su propio déficit, ocasionado por el masivo incremento en el gasto de armas para mantener la hegemonía en la Guerra Fría, la banca de este país se convirtió  en una insaciable  succionadora de los recursos de los países subdesarrollados endeudados bajo el patrocinio del mismo acreedor. En este contexto los organismos internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario, entre otros) se convirtieron en una suerte de consultores supranacionales que imponían condiciones para la entrega de nuevos recursos. Requisito sine qua non fue la defunción del modelo desarrollista y del paternalismo que este encarnaba. La austeridad fiscal se manifestó en una reducción del sector público y los recursos destinados al gasto social, lo que generó una vertiente de "nuevos pobres".

En este contexto, común a Latinoamérica,  resulta comprensible la acogida masiva  de figuras como Luis Ignacio Da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela, Abdalá Bucarám y Lucio Gutiérrez en Ecuador.  Lo novedoso de estos personajes no es su discurso ni su "performance" sino el efecto multiplicador de los mismos a través de los medios de comunicación.

A diferencia de Velazco Ibarra que subió al poder cinco veces arengando a su "chusma querida" desde un balcón, en las elecciones de 1996 Abdalá Bucaram gastó dos millones de dólares en gastos de campaña, en la que hizo gala de una capacidad histriónica digna de un teatro bufo.

No obstante la disimilitud de ambos personajes su destino fue parecido: mientras Velasco solo concluyó una de sus presidencias, Bucaram no pudo sustentarse en el poder sino seis meses aunque, desde un exilio voluntario, sigue influyendo en los destinos del país como una suerte de poder detrás del gobierno debido al grueso de su representación en el parlamento y su hábil capacidad negociadora.

En cuanto a Gutiérrez, resulta arriesgado aplicar un adjetivo como no sea el de demagogo y esta característica no es patrimonio de los populistas. De hecho, su triunfo electoral no puede explicarse por su capacidad de convocatoria o carisma personal sino más bien al manejo de un discurso en el que relevó haber comandado al grupo de coroneles que protagonizó la asonada del 21 de enero del 2000 que defenestró a Jamil Mahuad, responsable de "haber regalado 5 mil millones de dólares a los banqueros, a costillas de los más pobres".

Bibliografía
  • "Enciclopedia de la Política"; Rodrigo Borja Cevallos; Fondo de Cultura Económica; México; 1998.
  • "La seducción Velasquista"; Carlos de La Torre; Coedición FLACSO- Librimundi; Quito;  |1993
  • "Tocata, Robata y Fuga"; Francisco Febres Cordero; Editorial El Conejo; Quito; 1996 
  • "La crisis de Guayaquil y los nuevos populismos"; Rafael Guerrero; Revista Ecuador Debate N° 21; Quito- Ecuador; CAAP; octubre 1990
Términos Educativos Asociados
  • Populismo: es un término político usado para designar corrientes heterogéneas pero caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicos), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al "pueblo" como fuente del poder.
  • El populismo en sentido positivo: lo que define es un sistema en el que el poder recaiga más en el pueblo en sí mismo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad del pueblo. Son dos cosas distintas, no es lo mismo que los ciudadanos puedan tener más poder y menos las élites de tal manera que puedan darse cosas a sí mismos, a que sea el gobierno el que tenga el poder y ese gobierno favorezca medidas que les puedan venir bien a los ciudadanos, quienes luego recompensen con el voto.
  • El populismo en sentido negativo: con una significación peyorativa, que es la principalmente usada (y que se usará mayormente a lo largo de éste artículo), es el uso de "medidas de gobierno populares", destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características anti-institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos al contrario los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.
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