Concejos docentes

20 Ago 2015

Del colegio a la Universidad

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Cómo preparar a los estudiantes para el paso a la Universidad

La transición hacia la universidad que buena parte de los estudiantes de secundaria debe enfrentar es un paso decisivo en su futura vida laboral y personal. Elegir la opción correcta, la carrera u oficio correctos, en las condiciones apropiadas y a partir de decisiones informadas y negociadas con la realidad no es tarea fácil, y los docentes cumplen un papel importante en este aspecto.

Por: Redacción El Educador

El paso del colegio a la Universidad es un tránsito que los docentes pueden ayudar a afrontar. Quizá este listado de falencias más comunes, le ayuden a preparar a los estudiantes que están a punto de dar este paso y convertirse en recién ingresados a la universidad o “primíparos”.

  1. Falta de atención. Quizá sea la falencia más común de los recién ingresados a la universidad. Es importante que usted como docente, les indique a los estudiantes que la dinámica de una clase en la universidad es mucho más exigente. Esto significa que el ritmo de la clase no se puede detener sólo porque alguien estuvo desatento un par de minutos.
  1. Tomar notas o apuntes de clase. Muchos estudiantes llegan a la universidad sin saber tomar notas adecuadamente. Ya no hay textos guía que lleven el hilo de la clase exactamente, ni los apuntes de los compañeros serán todos iguales. El estudiante debe estar en capacidad de escuchar atentamente, resumir y extractar las piezas relevantes de la información que se le dé, para a partir de allí ser capaz de articular un discurso propio acerca de las materias tratadas.
  2. Manejo efectivo del tiempo. La mayoría de estudiantes, al enfrentarse con sus nuevos deberes, se ven sobrepasados por sus nuevas tareas y responsabilidades; en estos casos el manejo del tiempo es la clave, pues no se trata de dejarse alcanzar por las fechas de entrega, sino de convertirse en alguien más centrado y eficiente a la hora de rendir en los proyectos.

Entre las recomendaciones para un manejo adecuado del tiempo están llevar un calendario detallado con todas las actividades y fechas a cumplir; priorizar las actividades más relevantes y las que más tiempo necesitan para con esto crear un plan exitoso para terminarlas; evitar perder el tiempo y las distracciones, entre otros.

  1. Dejar las cosas para el final. Cuando se deja un trabajo o proyecto para el último momento, se nota. Si el estudiante asume sus lecturas la noche anterior, lo más probable es que su rendimiento sea mediocre. En las cátedras universitarias se maneja el syllabus, un sistema al que el profesor se debe ceñir y al que el estudiante acude para planear sus actividades.
  1. Leer las instrucciones. Los estudiantes casi siempre fallan al leer instrucciones. Para algunos se siente como una pérdida de tiempo, pero en realidad leer y entender las instrucciones ahorra mucho tiempo y sobre todo, evita cometer errores. Resulta llamativo que sean pocas las personas capaces de leer la totalidad de las instrucciones, hasta el final, antes de iniciar las labores solicitadas.
  1. Exceso de confianza en Internet. A pesar de los beneficios que ha traído Internet para la vida académica, son los estudiantes los primeros en confiar ciegamente en los datos que allí encuentran. Ignoran otros caminos para investigar, que muchas veces implican más trabajo pero también arrojan resultados más precisos.

Además de buscar la forma de superar estas malas costumbres, el docente tiene la responsabilidad de introducir al estudiante en la nueva dinámica que manejará en la universidad. Esto quiere decir, mostrarle cómo funciona el sistema al que pronto ingresará, qué se espera de él, qué puede él esperar de sí mismo y cuáles son los puntos de partida para lograr ser un estudiante exitoso.

Por ejemplo, el syllabus de cada clase es una herramienta muy práctica, que usada correctamente asiste al estudiante durante toda la cátedra. Allí se consigna bibliografía, fechas, porcentajes, y toda la información necesaria para llegar a clase preparados, realizar las lecturas y planear el tiempo. 

Elegir alma mater

Por otro lado, un aspecto fundamental en el acompañamiento de la transición hacia la vida universitaria es la orientación sobre ¿Cuál es la mejor universidad para mí?

Muchos estudiantes tienen claro qué carrera quieren seguir, pero la decisión de a qué universidad asistir es un poco más compleja, pues no sólo entran a jugar las posibilidades económicas de la familia, el lugar de residencia, los requisitos de admisión, sino que muchas veces los estudiantes toman su decisión basados en parámetros que no son los adecuados, por ejemplo, “porque mis amigos van a entrar allí también”, “porque me han dicho que es la mejor, pues es la más cara”, “porque los edificios son los más bonitos”, entre otros.

Uno de los factores que más incide en el éxito de un estudiante es precisamente si la universidad -y él mismo- “se ajustan”. Muchos jóvenes se empeñan en entrar a las mejores universidades, sin detenerse a investigar qué tan buena es ésta en lo específicamente relacionado con la profesión que le interesa. También muchos estudiantes que residen en ciudades intermedias ven con desdén las opciones locales y se concentran en radicarse en otros lugares, sin detenerse a pensar si los costos adicionales se justifican en comparación con la calidad de educación que recibirán.

Es crucial guiar a los estudiantes para que sean capaces de tomar estas decisiones basados en argumentos cercanos a la realidad, con información pertinente. Es necesario que sean capaces de comparar los pensum, de investigar las hojas de vida de sus futuros profesores, enterarse de las iniciativas que ofrece la universidad como complemento a las cátedras, de las posibilidades de optar por intercambios en universidades del exterior, de los servicios de biblioteca, laboratorios, etc., de modo que tomen una decisión a conciencia.

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