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3 Feb 2016

Cómo cuidar la convivencia en la red

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Uno de los fenómenos que aqueja a los jóvenes de hoy es el cyberbullying. Apoyado en el abuso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, inaugura, para docentes y padres un nuevo espacio de intervención educativa. ¿Cómo detectar y orientar a quiénes sufren de cyberacoso?

La vida y la convivencia de los seres humanos del siglo XXI, no sólo transcurre en el espacio físico, sino también en el espacio virtual. El trabajo, las compras, la comunicación con la familia y con los amigos, el estudio, entre otras situaciones y experiencias, las podemos desarrollar a través de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). No podemos contrariar el fenómeno de que el espacio virtual se ha convertido, a través de las distintas posibilidades que ofrece (redes sociales, juegos, comunicación, entre otros) en un espacio de socialización. Sin embargo, lo cierto es que también se presenta como un medio propicio para que los jóvenes lo utilicen con el objetivo de agredir u hostigar a otros.

El llamado cyberbullying es un tipo de acoso que ha adquirido gran prevalencia, y se trata de una práctica que por sus características, es muy difícil de detectar, abordar y erradicar. Esto es así, ya que las nuevas tecnologías tienen la particularidad de que pueden gestionarse desde el anonimato y la invisibilidad, con efectos inmediatos, a través de muchos y diversos canales, y ocasionando un efecto multiplicador y en cadena, difícil de limitar. El escenario digital permite el acoso más allá del ámbito escolar, por lo que las agresiones pueden suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, ya que los canales están siempre abiertos. Así como en el bullying, en esta práctica digital también hallaremos acosados o víctimas, hostigadores o acosadores, seguidores y espectadores. Vale aclarar que no toda agresión transmitida por el celular o por la web se considera cyberacoso. Por ejemplo, si entre dos menores en situación de paridad de poder o de simetría se produce un intercambio de mensajes ofensivos, no sería cyberacoso. Entonces, en el cyberbullying existe la intencionalidad de producir daño y una diferencia de poder que somete, fragiliza e impide la posibilidad del intercambio para solucionar divergencias.

En este desequilibrio de poder entre quien acosa y el acosado, el control de la situación la tiene el hostigador. En la víctima hay imprevisibilidad, confusión, indefensión, vergüenza, y el sentimiento de ser poco popular. Cuando la víctima no conoce o no puede descubrir quién es el acosador, y quiénes son los que podrían apoyar esta acción, se genera un ambiente de mayor malestar; y entonces se complejizan la recepción y elaboración del mensaje y su defensa. Además, el hostigador puede estar favorecido por el mayor conocimiento y manejo tecnológico.

Por la particularidad de las redes sociales y la apertura a lo público, sabemos que pueden ser numerosísimos los espectadores de la situación, quienes, por supuesto, podrían multiplicar exponencialmente la divulgación: ampliando la audiencia y la permanencia-replique de las agresiones en el contexto virtual.

¿Cómo se da el cyberacoso?
El cyberacoso puede darse a través de diferentes acciones, como las que siguen:

  • mensajes insultantes o amenazantes;
  • difusión de rumores o mentiras difamatorias;
  • revelación de información privada o de secretos;
  • publicación de fotos, incluso editadas con pericia e intención de daño;
  • exclusión de la comunicación en línea;
  • suplantación de la identidad de alguien para crear una cuenta o página denigratoria o descalificatoria de sí mismo;
  • robo de contraseña;
  • llamadas o mensajes anónimas con el fin de asustar.

Indicadores para reconocer víctimas del cyberbullying
La propia familia del acosado es la que habitualmente reconoce que un niño o adolescente es víctima de cyberbullying.

Estas son algunas situaciones específicas del cyberacoso:

  • Ansiedad e irritabilidad al mirar su teléfono o su computadora.
  • Tristeza mientras lee o escribe en la computadora.
  • Apuro y obsesión por conectarse.
  • Tristeza después de la conexión o de la recepción de un mensaje.

Nuevas tecnologías: estrategias para formar usuarios responsables
Frente a la práctica del cyberacoso, la escuela tiene posibilidades de intervenir. Si bien está claro que este tipo de hostigamiento traspasa los muros de la institución, el uso de las TIC supone una responsabilidad para los alumnos, pero también para los docentes y las familias que deben velar por su seguridad. En este sentido, trabajar en conjunto con las familias la cuestión de la comprensión de las edades evolutivas y el nivel madurativo de sus hijos, en relación con el grado de vulnerabilidad frente a Internet podría ser un estímulo para que colaboraran en la enseñanza de ciertos cuidados.

En cuanto a la escuela, se pueden diseñar espacios de prevención, en los cuales expliquen los riesgos implicados y la razón de estos, que permitan la reflexión y el debate entre todos los alumnos. Sugerimos el trabajo, entonces, sobre los siguientes temas:

Publicar contenidos íntimos y datos privados: Podrían ser empleados por otras personas para lastimar o hacer daño.

Chatear con desconocidos: Existe la posibilidad de grooming o sexting (envío de contenido erótico, fotografías y/o videos, producidos por el propio remitente, a otras personas por medio de teléfonos móviles).

Postear fotos o subir videos, en especial si la persona se muestra con poca ropa o desnuda: Podría hacerse un uso indebido de esas imágenes.

Compartir las contraseñas: Podrían trascender contenidos o conversaciones privadas.

Recomendaciones para los docentes

Es sustancial advertir a los alumnos que frente a algún agravio es recomendable contestar con calma o no contestar. Si las agresiones continúan, es importante abandonar la conexión y solicitar la ayuda de un mayor. Si bien es cierto que, los espacios virtuales propician una reacción inmediata del acosado, porque se siente “más protegido” detrás de la pantalla, responder a la agresión puede en la mayoría de las veces empeorar la situación.

Si alguien es acosado virtualmente, será valioso que guarde las pruebas para alguna ocasión, en donde esta situación pueda ser abordada desde la escuela o en el marco de otra instancia. Al respecto, es pertinente realizar la advertencia a los alumnos de que, quien acosa está cometiendo una falta grave, y que está atentando contra los derechos de la persona acosada. Por otro lado, desde la escuela es importante observar las respuestas de los espectadores que reaccionan con indiferencia a la difícil situación de la víctima, o si amplían la resonancia de las agresiones a través del replique, del “me gusta” o del “retwitteo”.

Es fundamental, también, ayudar a los alumnos a no olvidar que detrás de las pantallas se encuentran personas con afectividad y distintos grados de sensibilidad y vulnerabilidad. En este sentido, es necesario trabajar la convivencia en la red para evitar conflictos ya que se es responsable también en Internet, es decir, en la convivencia dentro de las redes sociales. Por esto mismo, orientar al estudiantado a medir las palabras con las que se expresa o a pedir permisos para postear fotos de otros o etiquetar a otros, serían “buenos modales” dentro de las redes sociales.

Bibliografía para seguir leyendo sobre este tema
– Ciberbullying y privacidad. Guía para profesores. Material elaborado por el Programa Daphne III cofinanciado por la Comisión Europea. Disponible en: http://www.superkidsonline.es/descargas/PROYECTO_DAPHNE_ES.pdf

– Enredarse. Convivencia Escolar. Consejo General de Educación del Gobierno de Entre Ríos. Disponible en: http:// www.aprender.entrerios.edu.ar/recursos/material-de-trabajo-del-programa-enredarse.htm

– Guía para el profesorado sobre acoso escolar: detección, identificación. Intervención y prevención. Consejería de educación, universidades, cultura y deportes. Dirección general de ordenación e innovación educativa. http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/5/DGOIE/PublicaCE/docsup/guia_acoso.pdf

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