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Entrevista a Marco Palacios. Historiador, abogado y doctor en filosofía de la Universidad de Oxford, rector de la Universidad Nacional en dos ocasiones (1984-1988 y 2003-2006), profesor invitado de las universidades de Chicago, Autónoma de Barcelona, Duke, Oxford y Javeriana, entre otras, y autor de varias publicaciones sobre historia, dentro de los que se destaca la coordinación del libro de ensayos Las independencias hispanoamericanas, de Editorial Norma, Marco Palacios es sin duda una autoridad académica, razón por la cual la revista El Educador lo contactó para hablar sobre un tema que atañe de manera directa de los historiadores y en general a todos los ciudadanos: el Bicentenario de la independencia.
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¿Qué importancia tiene la conmemoración histórica en la construcción de Nación?
MP: Yo creo que la conmemoración para nosotros los historiadores es un tema que llama tanto la atención de la gente, aparece tanto en los medios, que obviamente se vuelve popular, pero la historia no es un tema popular, hablando seriamente. Lo que podemos hacer nosotros los historiadores es aprovechar el momento -200 años de independencia-, para reflexionar sobre qué ha pasado en la historia y qué implicaciones tuvo eso en la nación colombiana de hoy. Es un punto de reflexión.
¿Qué actitudes debe promover la conmemoración de la independencia de Colombia?
MP: Hay distintas maneras de enfocar eso y depende del punto de vista. Si yo fuera gobernante trataría de infundir más mística en la nación, más civismo, más patriotismo, en ese sentido más identidad con la nación. Pero como yo soy historiador, preferiría que hubiera una actitud crítica. Qué quiero decir con eso: que cada época se ha conmemorado de una manera diferente. En 1860, a los 50 años de la independencia, se conmemoró de una manera; en 1910, de otra; en 1960 de otra, y ahora de otra. Eso quiere decir que cada momento tiene su propia interpretación del pasado, porque la historia es la manera en la que nosotros vemos el pasado desde el presente. Entonces yo creo que el presente nos exige ser democráticos, hablar de los derechos humanos, que son un punto fundamental y hay mucho de derechos humanos en esa historia, la traducción de estos, por ejemplo, fue el hecho por el cual va Nariño a la cárcel y es juzgado tan severamente. Este es un tema que sigue afligiendo de alguna manera a los colombianos, porque hay muchos violadores de los derechos humanos desde distintas esquinas. Cada época le da importancia a algo que le concierne en ese presente, pero probablemente lo que nosotros digamos como historiadores hoy, los historiadores dentro de 50 años no van a estar tan de acuerdo, van a tener otra perspectiva. Eso es crítico, es decir que lo que nosotros decimos es válido sólo relativamente.
¿Qué se debe proclamar en esta conmemoración de la independencia?
MP: Nosotros estamos muy lejos de las metas planteadas cuando se hizo la independencia, pues los valores fundamentales eran la libertad, se buscaba de alguna manera la igualdad de oportunidades y los bienes materiales, se buscaba un bienestar, se buscaba que nosotros los neogranadinos de entonces, que luego fuimos colombianos por la creación de Bolívar de esa Colombia, íbamos a ser como una nación libre y en desarrollo y realmente nos falta todavía mucho para la libertad y para el bienestar. Aquí hay unas tremendas desigualdades y hay gente que la pasa mal desde distintos puntos de vista, en la salud, en la educación, etc. Entonces yo creo que eso es lo que hay que enfatizar, cuánto hemos avanzado, que sin duda ha sido muchísimo, pero cuánto nos falta para llegar a esos estándares que se fijaron los mismos hombres que hicieron la independencia.
¿Qué cree usted que logra un ciudadano cuando puede comprender los hechos que dieron lugar a la independencia?
MP: Yo creo que los hechos hay que presentarlos de una manera que permita interrogar, es decir, no como hechos cerrados, porque nuestro saber es muy limitado y la forma de interpretarlo está determinado por las necesidades y urgencias del presente. Para Colombia es muy interesante compararse con otras independencias, ver que fue muy distinto en Venezuela, en Ecuador, en Argentina, en México, cada país tuvo su independencia, aún cuando tuvimos las independencias más o menos por la misma época y nos liberamos de la misma España y del mismo monarca español, sin embargo cada país tenía condiciones sociales, geográficas y culturales muy diferentes. Entonces yo creo que a veces esto de mirarse el ombligo es un error y es mejor mirar también qué ocurrió con los vecinos para comprender inclusive mejor nuestras propias idiosincrasias.
¿Qué cree que significó la independencia de Colombia para Suramérica?
MP: La independencia de Colombia en buena medida está ligada a la de Venezuela, de eso no cabe duda, y en la medida en que Bolivar fue un actor importante, está ligada a la revolución de Haití que produjo tanto desasosiego entre las élites de la época. Es un movimiento continental y evidentemente hay un ejército colombiano, muchos colombianos de lo que actualmente es Colombia, que van a pelear al Ecuador y sobre todo a Perú. Es un movimiento continental donde las actuales fronteras no tienen mucho sentido, hay un solo objetivo que es derrotar la monarquía española que estaba en todas partes, entonces había una tremenda solidaridad. Cuando uno lee las proclamas de todos los hombres de la independencia se encuentra un conocimiento muy detallado y que seguían las noticias de lo que estaba pasando en otras partes, estaban siguiendo lo que pasaba en Centroamérica, en México, en el Río de la Plata, en Chile. Es decir, en todas partes hay esta noción de que el frente es común y debe ser común, frente a un adversario común.
¿Qué se debería rescatar a nivel de Hispanoamérica en esta conmemoración?
MP: Lo que es interesante de Hispanoamérica, es que es todo un conjunto, una región inmensa que encuentra una enorme oportunidad cuando Napoleón invade la península ibérica y ocurre la guerra de independencia nacional de los españoles contra los franceses. Entonces es a partir de esa matriz de la cultura y de esa coyuntura que hay una reacción en cadena muy impresionante y yo creo que eso si es muy hispanoamericano y muy propio de nosotros, es distinto de la revolución haitiana que es una revolución de esclavos y es una distinta de la revolución brasilera, si es que se puede hablar de revolución, que es una transición muy pacífica en el seno de la misma dinastía Braganza. Es esa cultura profunda que logró implantar la monarquía católica española en toda esta basta región la que entra en crisis, y realmente en principio no había un tema de independencia, había un tema de autonomía en relación con la monarquía pero no de independencia y sin embargo se profundiza tanto el conflicto de los españoles contra los franceses, que hasta cierto punto Napoleón aprovecha eso para hacer un imperio francés simplemente sustituyendo la monarquía española.
¿Qué papel cree usted que tuvo la educación en la época de la independencia y qué papel tiene ahora?
MP: De alguna manera había cada vez más gente ilustrada y cada vez más gente que sabía leer y escribir, de eso no cabe duda. A finales del siglo XVII había un fenómeno de educar a la gente, además la prensa adquiere más identidad, hay más lectores y particularmente, dada la estructura social de la época, había una minoría que sabía leer y escribir, la cual cultivaba mucho las letras, ejercitaba la razón y esa minoría educada fue de hecho la que dirigió la independencia, la dirigió, mas no la hizo. La hicieron masas de llaneros, de soldados, de negros, de indígenas, pero la educación jugó ese papel de permitir que muchas élites tuvieran conciencia y pudieran anticipar y planear estrategias. Eso sólo se puede hacer cuando hay educación. Afortunadamente ahora hay mucha más educación, pero ésta está muy rezagada en toda América Latina. Cuando uno mira las últimas pruebas PISA de los países desarrollados y algunos latinoamericanos que han querido participar en ellas, se muestra la terrible brecha educativa que hay en comprensión de lectura, en matemáticas y en ciencias naturales entre los países latinoamericanos y los países desarrollados. Yo veo que probablemente se ha hecho mucho énfasis en la cantidad pero se ha hecho en desmedro de la calidad. Nosotros tenemos mucho que hacer, nuestro sistema educativo en América Latina en general es farragoso es súper burocratizado, está politizado en el peor sentido de la palabra, los que lo dirigen en general son personas ineficientes, muy políticas, es decir hay muchos defectos. Yo creo que ese es un gran reto, queremos decir celebremos estos 200 años, pues miremos cómo hacemos una educación universal que comprenda todos y que sea de alta calidad para todos, no sólo para una pequeña minoría.
¿Qué acciones cotidianas cree usted que reflejan la independencia?
MP: Si estuviéramos todavía en la época colonial probablemente el color de la piel de la gente o la forma de hablar lo ubicaba inmediatamente en algún rango de lo inferior a lo superior o de lo superior a lo inferior. Afortunadamente ahora uno puede caminar por la calle y es un colombiano como cualquier otro. Al menos esa no es la gran distinción, pero por supuesto sigue habiendo la gran distinción que da el dinero. Si estuviéramos en la Colombia de hace 200 años, no tendríamos libertad de expresión, a Nariño lo metieron a la cárcel por traducir los derechos del hombre, ahora hay otro sistema, entonces que bueno que no tenemos eso.
¿Cuál cree que es el papel de los profesores frente al tema del bicentenario?
MP: De un lado conmemorarlo, pues no es poca cosa que un país esté celebrando dos siglos de una gesta tan importante. Yo creo que es algo que nos debe levantar el ánimo, son 200 años que los hemos hecho nosotros de alguna manera, no otros los hicieron por nosotros. Yo creo que se debe tratar de infundir en los niños y jóvenes, de contar o de narrar los hechos de manera que a ellos les produzca curiosidad y los obligue a usar la razón. Que se hagan preguntas sobre qué valores, ¿por qué esos valores y no otros?, ¿porque el valor de la libertad contra la tiranía?, ¿qué es la tiranía?, ¿estamos en riesgo de caer en tiranías todavía?, en fin, ese tipo de cosas.